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Sé Tan Rápido Como La Tortuga

Sé tan rápido como la tortuga

Todos conocemos la historia de la liebre y la tortuga.

La liebre, por confiarse que es más veloz que la tortuga, se sienta a descansar en plena carrera mientras la tortuga, a paso lento, avanza sin parar. Cuando la liebre se da cuenta que la tortuga está a punto de ganarle, sale a toda velocidad, pero su reacción fue tardía y termina perdiendo.

En mi profesión no es raro toparme con algunos que se sienten liebres. Quieren saber sobre la “mejor inversión”, sobre el “truco” que les va a permitir “ganar más en la bolsa” para “alcanzar la libertad financiera”.

Y hay muchos que se aprovechan de ese deseo, ofreciendo “cursos de trading”, “señales del mercado”.

Les he preguntado su opinión sobre esos servicios/cursos a:

  • Un trader de fondos de inversión con portafolios de miles de millones de dólares. Todos los días, esta persona pone trades, literalmente, por cantidades que muchos ni siquiera imaginan.
  • Un asesor de fondos de pensiones multimillonarias.
  • Un autor con varios best-sellers internacionales sobre finanzas personales.

Ellos, y yo, tenemos la misma reacción sobre esos servicios: nos provoca primero risa, luego coraje y finalmente lástima.

Nos causa risa porque nosotros, que nos dedicamos a esto, que vivimos en este mundo de las inversiones, sabemos que es un engaño. Los únicos que nunca pierden al vender esto, son precisamente quienes se dedican a vender esto. Excepto, claro, cuando empiezan a perder amigos o a tener problemas familiares porque sus “servicios” hicieron que perdieran todos sus ahorros. Hay muchos “gurús” que luego de causar semejantes pérdidas, viven en constante depresión, se desaparecen del mundo en línea o incluso cambian de residencia por temor a represalias.

Nos causa coraje porque estos “gurús” se aprovechan de la ignorancia de la gente respecto a cómo funcionan los mercados financieros y les venden la ilusión de que “todos” pueden alcanzar la “libertad financiera” si tan sólo sigues sus consejos y compras sus cursos. Y luego, cuando revisas los términos y condiciones de esos programas, ves que con toda claridad afirman que este servicio es “para fines de entretenimiento solamente” y que tal o cual persona no es un asesor financiero y que el único responsable de lo que pase si sigues sus recomendaciones eres tú. La página de ventas dice una cosa, y las “letras chiquitas”, dicen todo lo contrario.

Y por último, nos causa lástima por todos aquellos que se dejaron llevar por la publicidad, por las redes sociales y perdieron su dinero, pero más que eso, el impacto emocional y psicológico que eso conlleva. El perder así genera frustración, sí, pero también daña puede dañar la autoestima severamente: “ella dijo que era muy fácil, que cualquiera lo podría hacer, y sin embargo lo perdí todo, seguro soy una inútil”.

Y, antes de que me digas: “Pero Miguel, conozco a X, ella compró un curso y sí ganó en la bolsa”. Claro. Habrá quien ha ganado. Pero te lo digo con toda claridad: Esa persona tuvo suerte. Y bien por ella. Pero eso no garantiza que tú la tendrás.

No tires tu dinero en eso. No me canso de decirlo. Mejor, toma el ejemplo de la tortuga: Ahorra, claro. Invierte, absolutamente. Pero no quieras buscar “magic pills” que te harán rico. No existen.

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