Sobre los Pasteles de mi oficina, la congruencia y demás.

Hoy, como todos los lunes, “aparecieron” dos pasteles en la cocina de mi oficina. Uno de doble chocolate y uno de vainilla con fresa. El viernes había dos docenas de donas. En unos días más, habrá bagels. O croissants.
A veces, hay pizza. O pasta. O tal o cual. Delicioso todo. Nunca falta. Pero tampoco, nunca sobra. Siempre desaparece hasta la última rebanada, el último bocado.
De niño aprendí que a la comida no se le dice “no”. Por múltiples razones, pero es una creencia que tuve conmigo por décadas.
¿Sabes cuándo fue la última vez que comí alguna de esas delicias que ofrecen en mi oficina? Hace seis semanas. ¿Qué fue lo que cambió? Varias cosas:

  • El darme cuenta de que no, esa comida no era (ni es) para mí, era para quien la quisiera. Simple, pero profundo.
  • El darme cuenta que al comer eso, le estaba dando el poder a mi oficina sobre qué ponía en mi boca: Si traían donas, comía donas. Si traían pastel, comía pastel. Ahora, yo conscientemente le digo “no” a todo eso. Y le digo sí a lo que verdaderamente se me antoja, un día a la semana.
  • El darme cuenta que estaba subiendo de peso. Cien gramos aquí, cien gramos allá y de pronto, sin darme cuenta, pesaba más que lo que jamás había pesado en mi vida (108 kilos). Zas. Si seguía así, en unos cuantos años iba a estar en problemas. Este cambio en mi alimentación (y algunos otros), me ha permitido bajar poco más de tres kilos sin mayor esfuerzo y sin hacer ejercicio. Veremos qué tanto más bajo.
  • La congruencia. Para mi es importante ser congruente entre lo que digo y lo que hago. Al comer como estaba comiendo, no estaba siendo congruente con lo que decía sobre comer de manera saludable. En ese punto tenía dos opciones: cambiar lo que decía o cambiar lo que comía. Me decidí por lo segundo.
Hoy, te puedo decir que eligo con más consciencia a qué le digo que sí cuando como, de la misma manera que lo hago cuando gasto mi dinero o mi tiempo. Y me siento muy bien.
¿Cuáles son los “pasteles” en tu vida? ¿A qué le dices “sí” por default, cuando en realidad quisieras decirle “no”?
Photo by Michelle Tsang on Unsplash

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