¿Qué va a pasar con el patrimonio familiar?

Ago 4, 2017

Casi todas las familias tienen “algo”: Un terreno (o varios). Una casa (o varias). Cuentas de banco. Empresas. Inversiones. Automóviles. Piezas de arte. Vaya, incluso los cachivaches del tío tienen algún valor, aunque sea sentimental. Seguir Leyendo…

¿Y los abuelos?

Feb 11, 2016

Cada día, 3,000 personas cumplen 65 años en Estados Unidos. En México, la población mayor de 65 años es un porcentaje cada vez más alto del total.
Cada vez hay más adultos mayores, y con ello están cambiando muchísimas cosas en la economía a nivel país y en las relaciones familiares a nivel personal. Es difícil. Cada vez son más los que tienen que ser cuidados por sus hijos (cuando bien les va) o que, peor aún, son abandonados al destino (y caridad) de vecinos, desconocidos o incluso del propio gobierno.
Podría decirse que, tristemente, los adultos mayores son como un “impuesto” (por usar términos de gobierno) a la clase media: los más pobres luchan para alimentarse a sí mismos, por lo que menos se van a ocupar de ellos y a las familias acomodadas no les representa un problema económico (pero sí emocional y psicológico) el hacerlo.

La clase media, por otro lado, no sólo tiene que cargar con el tremendo peso emocional y psicológico que representa el cuidar de sus padres, también tiene un peso inmenso en sus bolsillos. Y, por lo que he visto, pocos son los que han tocado el tema en sus reuniones familiares. Todos saben que “el abuelo” ya no está tan bien como antes, que sin duda requerirá de cuidados especiales en algún momento, pero nadie se atreve a discutir el tema. Es mejor dejarlo para después.

Es entendible. Cuesta trabajo aceptar que aquellos que te dieron la vida quizá necesiten de tu dinero, de tu tiempo y de tu atención, incluso más de lo que te imaginabas. Y si en tu familia son varios hermanos, ¿cómo van a definir qué responsabilidades o qué tanto va a poder aportar cada quién? ¿Hasta qué punto dejar de ver por el bienestar de la familia propia por apoyar a quien te trajo al mundo?

Me encantaría ofrecer una respuesta, pero no la tengo. Especialmente porque es una situación que está sucediendo en mi propia familia. Me duele mucho ver cómo mis abuelos cada vez dependen más de sus hijas. Y me duele más ver cómo a veces esa muchísima ayuda que les dan no parece ser suficiente. Siempre hay una medicina más, una reparación más en la casa, una emergencia más. Siempre hay algo más.

Sé que el de mi familia no es el único caso. Sé que muchos de ustedes, queridos lectores, si no están pasando por algo similar, no falta mucho para que suceda. Deseo de todo corazón que tengan el valor de hablarlo entre ustedes antes de que sea necesario. Deseo de todo corazón que tengan la fortaleza de reconocer que la salud de sus padres y abuelos, por el paso natural de los años, será progresivamente peor y que, por tanto, necesitan planear con anticipación qué van a hacer. No se esperen hasta que sea demasiado tarde y necesiten cuidados inmediatos. Discutan el tema desde ahora. Discútanlo con sus parejas, discútanlo con todos los involucrados. Tengan claro de qué manera puede ayudar cada quién y no traten de comparar a ver quién da más o quién da menos. Aprovechen esta situación para que sus familias se unan y para que se resuelva cualquier diferencia que exista entre ustedes. Y, si no pueden ayudar porque su situación (o sus prioridades) no se lo permite, por favor, no juzguen ni critiquen a quien sí lo hace. Recuerden, en algún momento ustedes estarán en ese lugar, a menos que se preparen financiera, emocional y físicamente.

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Prestar Dinero a la Familia: ¿Obligación o Favor?

Nov 24, 2015

Estamos en la temporada de reuniones sociales y familiares. Probablemente en ningún momento del año vemos tanto a la familia como en los meses de Noviembre y Diciembre.

Pueden ser momentos muy felices y que nos llenen de memorias que llevaremos por décadas.

Pero también pueden ser momentos tensos, especialmente si uno de los presentes necesita recibir un favor de algún otro. ¿Qué difícil, verdad? La tensión y la incomodidad casi puede respirarse, y podría decirse que la reunión no se disfruta igual.

Hasta que llega el momento “indicado” y se suelta la sopa. Juan le pide dinero prestado a Pedro. O Eugenia necesita que Isabel haga X. ¿Qué hacer?
El pedir favores a la familia generalmente no es fácil. Se requiere de hacer a un lado el ego a cambio de pedir ayuda. ¿Y qué hay de a los que se les pide el favor? Están en una posición en que, como todos están presentes, pueden llegar a sentirse obligados de ayudar al que se lo pide. A veces lo hacen con gusto, pero a veces, por diferentes circunstancias, les cuesta mucho trabajo poder hacerlo.

Cada favor y cada familia es diferente: No es lo mismo pedir algo por primera vez que hacerlo cada vez que pasa algo. No es lo mismo pedirle nada más a una persona que pedirle (y deberle) a todos. No es lo mismo pedir cuando ya se agotaron todas las opciones que pedir porque es lo más cómodo.

Cuando pidas un favor a un familiar, tienes que entender que es probable que la otra persona te diga que no. Tienes que entender que un favor es eso, un favor, y que nadie (independientemente de los lazos familiares que los unan) está obligado a ayudarte.

Cuando te pidan un favor necesitas evaluar las circunstancias y la totalidad de la situación. ¿Es alguien que siempre te pide o es la primera vez que lo hace? ¿Es alguien que cumple con sus compromisos o es alguien que suele no hacerlo? Pero, sobre todo, es importante que consideres, cuando le hagas ese favor, cuando le prestes es dinero, ¿estás facilitando comportamientos o hábitos negativos? ¿Estás permitiendo que la persona siga viviendo de manera que caiga en la necesidad de volver a pedir en el futuro?

Un amigo mío tuvo un amigo muy querido que tenía serios problemas de dinero. Se llamaba Raúl. Raúl le pedía dinero a todos. Le pedía a Mario para pagarle a Oscar, y a la vez le pedía a Juan para pagarle a Mario. Como a todos sus amigos le iba muy bien, se sentían muy mal por Raúl y siempre le acababan prestando. La situación cada vez estaba peor. Hasta que un día, todos se pusieron de acuerdo y decidieron dejar de prestarle.

Al ver todas las puertas cerradas, a Raúl no le quedó más que revisar su situación, sus decisiones y lo que lo había llevado hasta donde estaba. Empezó a trabajar más. Durante el día se dedicaba a su profesión, en las noches trabajaba como mesero en un restaurante y durante los fines de semana empezó el negocio más barato que se le ocurrió: lavar autos de gente que trabajaba en oficinas.

Raúl empezó a ganar más dinero, y con eso fue pagando sus deudas, hasta haberlas eliminado por completo. El enojo que sintió al principio con sus amigos porque le dejaron de prestar se transformó en un profundo agradecimiento hacia ellos, y un día los invitó a su casa a cenar para explicarles la situación.
Les dijo que gracias a que le dejaron de prestar su vida se había transformado. Les confesó que le costó mucho, muchísimo trabajo, pero financieramente estaba mejor que nunca: por primera vez no tenía deudas.

Así que, ¿prestar o no prestar? ¿Pedir o no pedir? La decisión es solamente tuya. Te invito a analizar tus circunstancias y definir si en verdad estás haciendo todo lo posible para evitar pedir. Te invito a analizar las circunstancias y definir si al prestar, si al hacer ese favor, en realidad estás ayudando o no.

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