“No tengo tiempo” es uno de los pretextos que todos damos.

Para no hacer ejercicio. Para no hacer un presupuesto familiar, para comer de manera más saludable, para hacerte un chequeo médico anual. Pareciera que tenemos tiempo para todo, excepto para aquello que sabemos que es importante, pero es incómodo hacer.

Tenemos tiempo para ir de fiesta, para ver el partido (o los partidos) y demás actividades que nos agradan, pero no tenemos tiempo para aquello que puede hacer una diferencia en nuestras vidas. Sonará extremo, pero ¿cuántas personas que no se pierden su equipo favorito cada fin de semana o su novela favorita todos los días fallecen cada año por cánceres no detectados? Sí, esos tumores que toma simplemente unas cuantas horas diagnosticar.

¿Cuántas personas fallecen cada año sin un testamento por no tomarse dos horas para preparar uno? O, ¿cuántos accidentes se podrían evitar si tomáramos el tiempo de llevar a revisar nuestros autos?

O, visto de otra forma, ¿cómo sería tu vida si cada semana te tomaras una o dos horas para ser mejor? ¿Qué te impide hacerlo?

Usa estas últimas semanas del año para hacer todo eso que no has hecho por desidia o por “falta de tiempo”. Haz esa llamada. Revisa tu auto. Revisa tu salud. Trabaja en tu testamento. Prepara tu presupuesto familiar o haz eso, lo que sea, que llevas meses posponiendo. Te sentirás mejor y terminarás el año con la satisfacción de haberlo hecho.

Recuerda: El problema no es la falta de tiempo, es la falta de prioridades. Trata como importante aquello que en verdad es importante, y como trivial aquello que no hace ninguna diferencia en tu vida. Verás que tienes más tiempo del que creías.

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