Estamos en la temporada de reuniones sociales y familiares. Probablemente en ningún momento del año vemos tanto a la familia como en los meses de Noviembre y Diciembre.

Pueden ser momentos muy felices y que nos llenen de memorias que llevaremos por décadas.

Pero también pueden ser momentos tensos, especialmente si uno de los presentes necesita recibir un favor de algún otro. ¿Qué difícil, verdad? La tensión y la incomodidad casi puede respirarse, y podría decirse que la reunión no se disfruta igual.

Hasta que llega el momento “indicado” y se suelta la sopa. Juan le pide dinero prestado a Pedro. O Eugenia necesita que Isabel haga X. ¿Qué hacer?
El pedir favores a la familia generalmente no es fácil. Se requiere de hacer a un lado el ego a cambio de pedir ayuda. ¿Y qué hay de a los que se les pide el favor? Están en una posición en que, como todos están presentes, pueden llegar a sentirse obligados de ayudar al que se lo pide. A veces lo hacen con gusto, pero a veces, por diferentes circunstancias, les cuesta mucho trabajo poder hacerlo.

Cada favor y cada familia es diferente: No es lo mismo pedir algo por primera vez que hacerlo cada vez que pasa algo. No es lo mismo pedirle nada más a una persona que pedirle (y deberle) a todos. No es lo mismo pedir cuando ya se agotaron todas las opciones que pedir porque es lo más cómodo.

Cuando pidas un favor a un familiar, tienes que entender que es probable que la otra persona te diga que no. Tienes que entender que un favor es eso, un favor, y que nadie (independientemente de los lazos familiares que los unan) está obligado a ayudarte.

Cuando te pidan un favor necesitas evaluar las circunstancias y la totalidad de la situación. ¿Es alguien que siempre te pide o es la primera vez que lo hace? ¿Es alguien que cumple con sus compromisos o es alguien que suele no hacerlo? Pero, sobre todo, es importante que consideres, cuando le hagas ese favor, cuando le prestes es dinero, ¿estás facilitando comportamientos o hábitos negativos? ¿Estás permitiendo que la persona siga viviendo de manera que caiga en la necesidad de volver a pedir en el futuro?

Un amigo mío tuvo un amigo muy querido que tenía serios problemas de dinero. Se llamaba Raúl. Raúl le pedía dinero a todos. Le pedía a Mario para pagarle a Oscar, y a la vez le pedía a Juan para pagarle a Mario. Como a todos sus amigos le iba muy bien, se sentían muy mal por Raúl y siempre le acababan prestando. La situación cada vez estaba peor. Hasta que un día, todos se pusieron de acuerdo y decidieron dejar de prestarle.

Al ver todas las puertas cerradas, a Raúl no le quedó más que revisar su situación, sus decisiones y lo que lo había llevado hasta donde estaba. Empezó a trabajar más. Durante el día se dedicaba a su profesión, en las noches trabajaba como mesero en un restaurante y durante los fines de semana empezó el negocio más barato que se le ocurrió: lavar autos de gente que trabajaba en oficinas.

Raúl empezó a ganar más dinero, y con eso fue pagando sus deudas, hasta haberlas eliminado por completo. El enojo que sintió al principio con sus amigos porque le dejaron de prestar se transformó en un profundo agradecimiento hacia ellos, y un día los invitó a su casa a cenar para explicarles la situación.
Les dijo que gracias a que le dejaron de prestar su vida se había transformado. Les confesó que le costó mucho, muchísimo trabajo, pero financieramente estaba mejor que nunca: por primera vez no tenía deudas.

Así que, ¿prestar o no prestar? ¿Pedir o no pedir? La decisión es solamente tuya. Te invito a analizar tus circunstancias y definir si en verdad estás haciendo todo lo posible para evitar pedir. Te invito a analizar las circunstancias y definir si al prestar, si al hacer ese favor, en realidad estás ayudando o no.

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