Casi todas las familias tienen “algo”: Un terreno (o varios). Una casa (o varias). Cuentas de banco. Empresas. Inversiones. Automóviles. Piezas de arte. Vaya, incluso los cachivaches del tío tienen algún valor, aunque sea sentimental.

¿Qué va a pasar con todos esos bienes cuando sus dueños fallezcan?

Cuando disminuya  el dolor y el luto empiece a hacerse de lado, ¿lo reemplazarán las peleas, los enojos, las discusiones? O, peor, ¿largas batallas legales?
Lo cierto es que por pena, por miedo o simplemente para no incomodar, las familias no suelen hablar de esto cuando los dueños todavía están vivos. Evitan el tema a como dé lugar, como si hablar de ello se tratara de desearle la muerte al ser querido.

¿Cuántos problemas se evitarían con un simple testamento? ¿Cuántas peleas, cuántos malentendidos, cuántas divisiones familiares se evitarían con una mera reunión familiar donde se discutan estos temas?
No es fácil. Yo nunca dije que lo fuera. Pero es preferible pasar una tarde con los abuelos y toda la familia en donde ellos platican abiertamente sus deseos de lo que pase con sus cosas en el momento que fallezcan. Y, claro, la familia tiene que asegurarse que existen los documentos legales que avalan esos deseos.

Y, otra cosa, asegúrense que existe un inventario de los bienes, que saben donde hay cuentas de banco, que saben de todas las pólizas de seguro, que tienen conocimiento de todas las cuentas de inversión. No sabes cuántos miles de millones de dólares están en el limbo legal simplemente porque los fallecidos nunca le dijeron a sus familias que tenían X o Y cuentas de banco o inversión.

Por último, no creas que esto es un tema limitado a personas de la tercera edad. Si tienes bienes a tu nombre (por pequeños que sean), asegúrate de tener un testamento y de que al menos tu pareja sabe dónde está todo eso y qué es. No le agregues más dolor, más incertidumbre en caso de que llegues a faltar.

Soy Miguel Gómez, Consejero Financiero. Ayudo a Emprendedores y Profesionistas exitosos a usar su dinero de manera consciente y consistente con sus valoresy prioridades.

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Foto de portada por Luisa Rusche en Unsplash